Rompiendo un foco.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

El Plan de San Felipe.



Teórico contra sí mismo, conspirador involuntario, Felipe Calderón acabó pronunciando el pasado 20 un discurso bumerán con el que muchos mexicanos podrían justificar en el momento actual las mismas acciones que un siglo atrás llevaron a otros a enfrentarse a un régimen repudiado. Paradoja del cristal con que se mira: el comandante de Los Pinos quiso justificar la circunstancia de su administración con el elogio de la democracia y los anexos que él cree ver en México, sin advertir que quienes tienen valoraciones diferentes, y creen que no hay democracia ni paz ni justicia ni libertades reales, simplemente podrían leer e interpretar en sentido contrario las entusiastas palabras del panista michoacano y asumir ese llamado felipista como una incitación a subir de nivel la lucha en contra del presente régimen despótico.

Perlas desconcertantes de sabiduría fundada en las hipótesis de la abuela con ruedas que bicicleta ser podría: "Quizá, si en aquel 1910 hubiese habido democracia, probablemente no hubiese estallado entonces la Revolución", dijo el tallador gramatical especializado en la conjugación política del haber de ser como haber de ser. Evocaciones de presunta justificación propia que en realidad sonaban a confesiones inculpatorias: "Y si antes de ese día la democracia hubiera permitido a la gente exigir sus derechos, a los campesinos reivindicar la justicia; a los ciudadanos marcar, precisamente, sus preferencias e intereses a través de la regla común del voto, quizá México no hubiera generado las condiciones de opresión y de injusticia que fueron la raíz social del gran movimiento revolucionario". El Plan de San Felipe, firmado por Francisco I. Calderón: "No permitamos, bajo ninguna circunstancia, que unos cuantos pretendan arrebatarnos la libertad de todos. Enfrentemos con estatura de miras, con convicción, con vocación histórica, a los enemigos de nuestra democracia y de nuestra libertad".

En el Hemiciclo a Juárez, AMLO desechaba la opción de la violencia política para un cambio de fondo. El hombre que concentra en sí las características de presidente (legítimo) en funciones y virtual candidato a la siguiente presidencia razonó, según crónica de Jaime Avilés en La Jornada: "¿Por qué consideramos que la violencia no es el camino a seguir? Porque traería más sufrimiento, terminaría de destruir al país, daría lugar a un mayor intervencionismo extranjero y se correría el riesgo de dejar de ser un país libre y soberano, para convertirnos en una colonia o protectorado, con bases militares de otra nación, algo que nunca aceptaremos". Valdría preguntarse si esos mismos factores de poder, que podrían desatar tantos males ante asomos de violencia política, no lo harían también ante el riesgo de que por la vía pacífica, la electoral, se pusieran en riesgo esos mismos privilegios cupulares. Pero AMLO, en su cuarto aniversario de resistencia legítima, a pesar de una paráfrasis con la que reconoció que "la contrarrevolución ha triunfado", continúa postulando la vía de las urnas para resolver los graves males acumulados en nuestro país. Tabuchiano, AMLO sostiene.

Romance político, en cambio, ha florecido en campos toluqueños regados de sangre y futurismo. De regreso al lugar del crimen, en Ecatepec, la cacique del magisterio nacional, Elba Esther Gordillo, ha insistido en quitarse las acusaciones de que fue autora intelectual del asesinato del dirigente opositor Misael Núñez Acosta, en enero de 1981, y, de paso, ha hecho votos oníricos en favor de su nuevo aliado, Enrique Peña Nieto. La extraña combinación –crimen político y Los Pinos 2012– llevó a la suegra del subsecretario de educación básica de la SEP a tratar de usar el recuerdo de Misael, sin citarlo, como objeto de promoción gaviotona: "de muchas cosas nos han acusado... pero en Ecatepec hubo un líder, a quien no sé quién le segó la vida y al cual le daría gusto hoy observar que en el estado de México hay un gobernante preocupado por las grandes causas sociales y económicas de su pueblo" (nota de César Arellano en La Jornada de este sábado 20). Luego pronunció las esperadas palabras de nupcias electorales anticipadas: "nuestro deseo de que los sueños seamos capaces de hacerlos realidad". SAL: (Elba Esther y Enrique) Se Apoyan Locamente. La parábola de la hija pródiga: el Panal vuelve al redil priísta para acompañar al cuasi candidato Peña Nieto. Los mapaches descarriados marca SNTE regresarán a la misericordiosa matriz tricolor para construir cuando menos un sexenio más de regocijos mutuos (ésa será la verdadera Nueva Alianza de la denominación original del partido de la profesora).

En Colima la política viste de negro. Gustavo Vázquez Montes fue impulsado por Fernando Moreno Peña para relevarlo en el gobierno estatal, a tal grado que los excesos del citado Moreno Peña –personaje central, el jefe del dominante grupo político-universitario de la entidad– provocaron que el tribunal electoral ordenara nuevos comicios en los que volvieron a ganar los mismos, el gobernador infractor y el candidato abusivamente beneficiado. Vázquez Montes apenas duró poco más de un año en el poder, pues el 24 de febrero de 2005 el avión oficial en que viajaba cayó en un paraje del municipio de Tzitzio, muriendo él, algunos miembros de su gabinete y personal de vuelo. Ese avionazo generó múltiples suspicacias, sobre todo porque se produjo en momentos en que el mandatario en funciones pretendía zafarse de las pretensiones caciquiles del mencionado Moreno Peña. Luego de un interinato del paredista Arnoldo Ochoa, en nuevos comicios fue elegido Silverio Cavazos, para terminar el periodo iniciado por Vázquez Montes. Al final de su administración, Cavazos peleó con personajes pesados de la política nacional para imponer como candidato al actual gobernador, Mario Anguiano, a quien se atacaba por el hecho de que un hermano y otro familiar estaban sentenciados por asuntos de narcotráfico. Cavazos, acusado de rápido enriquecimiento, pretendía también imponerse por encima de su sucesor. Ayer fue asesinado.

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